Primeros auxilios
Esta guía es abierta: no hace falta registrarse para leerla. En una emergencia nadie se pone a crear una cuenta.
Los primeros minutos suelen ser cruciales y marcan la diferencia entre un susto y un desastre. Puedes estar en el campo, en un pueblo o lejos de una clínica; esto es lo que puedes hacer tú mientras llegas al veterinario.
Y lo primero de todo, antes que cualquier técnica: mantener la calma y controlar los nervios. Si el dueño chilla y se pone muy nervioso, el perro se pone peor. Tu calma lo tranquiliza y te permite pensar. Respira, baja la voz y actúa.
El golpe de calor ocurre cuando el cuerpo del perro se calienta más deprisa de lo que es capaz de enfriarse. Los perros no sudan como nosotros: regulan la temperatura jadeando, y cuando el aire que respiran ya está caliente, ese mecanismo deja de funcionar. Un coche parado, una terraza al sol, un paseo a mediodía en verano o un secador demasiado cerca pueden bastar. En un Shih Tzu, con su cuerpo pequeño y su manto denso, la temperatura sube muy rápido.
Cómo reconocerlo: le sube muchísimo la temperatura y lo notas caliente al tacto, sobre todo en las orejas y la tripa; jadea de forma constante e intensa, sin parar; se queda quieto, no se mueve; no come y no bebe; y en los casos más avanzados parece desconectado, como si tuviera alucinaciones, no reacciona bien a tu voz ni te sigue con la mirada.
Lo primero y más importante: NUNCA lo metas en agua fría. Parece lo lógico, pero es justo lo contrario de lo que hay que hacer. El agua muy fría de golpe provoca que los vasos sanguíneos de la piel se cierren de repente. Y si se cierran, el calor que está dentro del cuerpo se queda atrapado: por fuera parece que se enfría, pero por dentro sigue igual o peor. Además, ese cambio brusco puede provocarle un shock. Nada de hielo, nada de bañera, nada de manguera fría.
Qué hacer: hay que bajar la temperatura poco a poco. Yo aplico alcohol detrás de las orejas, en la tripa y las axilas, y en las cuatro almohadillas de las patas. Son las zonas donde la piel es más fina y los vasos pasan más cerca de la superficie, y además las almohadillas son uno de los pocos puntos por donde el perro elimina calor de verdad. El alcohol se evapora y al evaporarse arrastra calor: enfría de forma progresiva, sin el golpe brusco del agua helada. Llévalo a un sitio a la sombra, fresco y ventilado, ofrécele agua a temperatura ambiente si quiere beber (nunca se la fuerces) y sal corriendo al veterinario. El golpe de calor puede seguir haciendo daño por dentro aunque el perro parezca recuperado.
Un salto desde el sofá, desde la cama o desde los brazos, un pisotón sin querer, un tropiezo en el campo. El Shih Tzu tiene huesos muy finos y es muy saltarín, así que estos sustos son de los más frecuentes.
Cómo reconocerlo: chilla, no apoya la pata, la lleva levantada, tiembla, y sobre todo no se deja tocar. Ojo con esto último: un perro con dolor puede morder sin querer, aunque sea el perro más bueno del mundo y aunque seas tú. No es que se haya vuelto agresivo: es un reflejo puro de dolor.
Qué hacer: lo primero, mantener la calma y bajar el tono. Háblale con voz suave y tranquila, sin gritos, sin agobio. Acaríciale solo si se deja. No le estires la pata, no se la muevas "para ver si está rota" y no intentes colocar nada.
Si sospechas una fractura, muévelo lo menos posible. Cógelo con una mantita o una toalla, haciendo una especie de cuna que sostenga todo el cuerpo a la vez, sin que la parte dolorida cuelgue, y llévalo al veterinario así. Cuanto menos se mueva el hueso, menos daño se hace alrededor.
En el campo es fácil: un cristal, un alambre, una zarza, una piedra cortante. Lo primero es ver realmente qué tienes delante, porque con sangre y con pelo todo parece mucho peor de lo que es.
Qué hacer: lava la zona con agua limpia o con suero fisiológico para retirar la sangre y la suciedad y poder ver bien el corte. Muchas heridas sangran de forma escandalosa y luego resultan ser superficiales. Las orejas son el ejemplo perfecto: sangran muchísimo porque están llenas de vasos muy finos, y casi siempre son cortes leves.
Una vez visto, coloca una gasa o un trozo de tela limpia sobre la herida y haz presión con los dedos durante cinco a siete minutos seguidos. Seguidos de verdad: si levantas cada poco para mirar, rompes el coágulo que se está formando y vuelve a empezar. Si la gasa se empapa, pon otra encima sin retirar la primera.
Si la herida es profunda, se ven bordes separados o no deja de sangrar, ve al veterinario manteniendo la presión sobre la herida durante todo el trayecto.
Nunca hagas torniquetes. Cortar la circulación de una pata entera puede dañar el tejido de forma irreversible y provocar un problema mucho más grave que el corte original. La presión directa sobre la herida es lo que funciona.
Un trozo de hueso, un juguete pequeño, un palo del campo. El perro tose de forma angustiada, hace arcadas, se lleva las patas a la boca, no puede respirar bien y se pone muy nervioso.
Qué hacer: ábrele la boca con cuidado y mira dentro, si es posible con ayuda de una linterna y de otra persona que lo sujete con suavidad. Ten mucho cuidado con los dedos: por el apuro y la angustia pueden morder sin querer.
Si ves el objeto y puedes cogerlo con seguridad, sácalo. Si está encajado y no sale hacia fuera, la otra opción es empujarlo hacia la garganta para que termine de tragarlo y deje de bloquear el paso del aire: entre tragar algo y no poder respirar, lo primero siempre es respirar. Después, al veterinario, para valorar lo que se ha tragado.
Y de aquí sale un consejo que doy siempre y que está al final de esta guía: cuidado con el tamaño de las pelotas.
Advertencia importante
Esto es una maniobra delicada y de último extremo. La explico para que la conozcas de antemano, no para que improvises: si no sabes hacerla, lo esencial es sacarle la lengua hacia afuera para que no se ahogue e ir corriendo al veterinario. Con eso ya estás ayudando.
Hablamos del caso en que el perro no respira y no le notas pulso, o crees que no se lo notas. Se busca en la cara interna del muslo, en la zona de la ingle, apoyando dos dedos sin apretar.
Qué hacer: lo primero, sacarle la lengua hacia afuera y ponerle la cabeza y el cuello en línea recta con el cuerpo, para que el aire pueda entrar y para que la propia lengua no le tape la garganta. Comprueba que no haya nada dentro de la boca.
Después, cierra el hocico con la mano y sopla suavemente por la nariz. Muy suave: los pulmones de un Shih Tzu son diminutos y soplar con fuerza hace daño. Solo hasta ver que el pecho sube un poco.
Alterna esos soplos con compresiones firmes en el pecho, con el perro tumbado de lado, comprimiendo con una mano en la parte más ancha de la caja torácica, con un ritmo rápido y constante. Firmes, pero sin brutalidad.
Y mientras tanto, de camino al veterinario. Si sois dos, uno conduce y el otro sigue con la maniobra.
Puede ser un producto de limpieza, un medicamento humano, un anticongelante, una planta, un veneno para roedores o algo comido en el campo. En un perro de tres o cuatro kilos, una cantidad ridícula ya es mucha cantidad.
Cómo reconocerlo: pérdida de apetito, comportamiento anormal, encías pálidas, vómitos, diarrea, letargo, temblores, y en los casos más serios convulsiones o colapso, a veces con un aspecto parecido a un ataque epiléptico.
Qué hacer: al veterinario, sin perder tiempo. Y mientras te preparas para salir, mira alrededor: ¿hay algo nuevo en casa, un producto abierto, un blíster mordido, una planta desordenada? Si estás en el campo, fíjate en lo que sospechas que ha podido comer.
Lleva una muestra de lo que sea: el envase, un trozo de la planta, incluso el vómito si lo ha habido. Saber a qué se enfrenta cambia por completo lo que el veterinario puede hacer y la rapidez con la que puede actuar. No pierdas tiempo buscándolo, pero si está a la vista, cógelo.
Pasa muchísimo, sobre todo en verano y en el campo, porque el perro las persigue e intenta cazarlas con la boca. De ahí que muchas picaduras acaben justo donde peor pueden estar.
Si la picadura es en la boca, la lengua o la garganta: al veterinario urgente, sin esperar a ver cómo evoluciona. Esa zona se inflama muy rápido y en un perro pequeño la inflamación puede llegar a cerrarle la vía del aire y ahogarlo.
Si la picadura es en otra parte del cuerpo, o sospechas que le ha picado algo aunque no lo hayas visto, llama al veterinario o acude a él igualmente. El riesgo aquí es el shock anafiláctico: una reacción alérgica repentina que no depende del sitio de la picadura y que aparece en minutos. Vigílalo de cerca: hinchazón de la cara, ronchas, vómitos, debilidad o dificultad para respirar significan ir para allá ya.
Este apartado no es una urgencia, es la forma de evitar una de las peores. Lo incluyo aquí porque es un accidente que se repite y que se previene en dos segundos.
Una pelota nunca debe caberle entera en la boca. Ha habido casos de perros que se la tragan, se les queda encajada en la garganta y no pueden echarla ni hacia dentro ni hacia fuera, y hay que ir al veterinario a sacarla. Con un perro tan pequeño, el margen es nulo.
La regla es sencilla: la pelota debe ser siempre más grande de lo que le quepa en la boca. Compruébalo tú mismo antes de dársela, y revisa también las pelotas viejas, porque al morderlas y deformarse se vuelven más pequeñas de lo que eran.
Una última cosa
Todos estos consejos son de primeros auxilios: sirven para ganar tiempo y para que el perro llegue en las mejores condiciones posibles. Hacerlos no sustituye al veterinario. Después de cualquiera de estas situaciones hay que acudir a él siempre, aunque el perro parezca haberse recuperado.
Aviso importante
Todo el contenido de esta app está basado en la experiencia de Mar Gallú (Gallumar): más de 32 años criando Shih Tzu y trabajando en clínicas veterinarias. No es contenido genérico ni copiado, sino conocimiento real fruto de años de práctica.